El wo es una puerta, está cerrada para cuidar el alma. Cuando uno muere, la puerta se abre y el alma sale por allí. Tejedoras usileñas
Siete años atrás, como conjuro de camastro las ventosas de uno sin otro en el sombrero de 7 km de pensamientos suspensivos colgados del besugo, cual cochinillas color de hierba, sin lágrimas de noche porque no sabe la estrella que cayó en el cielo de aquello que nunca olimos el silencio de vuelta al sol con un wo de pecho.
El que por los sueños adivina las cosas que acaecieron, o acaecerán a los hombres, es vano, supersticioso, y tiene secreto pacto con el diablo.
Pedro Ciruelo
Sueños de olas y yo en la duna. Seca. Desde un muelle nórdico. La llovizna tenue. Al escoger los anzuelos. Stein me habla. De los secretos. De las comas y los puntos. Celebro mi boda en la colina. Las monedas romanas se parten por la mitad. 1500. Al alba. Un retrato. El agua me alza a la luna. Al muelle. Otra vez al muelle. Caemos al agua. El anciano me teje la historia con los pies. Yo bordo el retrato. La silla. Él en la silla. Yo encima. Encima. Yo encima. Cae la pañoleta. Azul. Lo beso. El anciano nos teje en los pies. La luna. La ventana. El alba. El pecho. Mi pecho parpadeante. Su cuello entre mis manos. Un florero. La ventana. Mi delantal blanco. Él en la silla y yo en las piernas. El anciano irlandés. De la escuela flamenca. Yo y un listón en mi cabello. El listón del presagio. El presagio. El andamio. El listón rosa. El andamio negro. El tren. La maleta. El listón y él se disuelven. Caen a mis pies las monedas. El desnudo de una mujer. Ella en mi camafeo. Ella y sus rizos negros en la colina. Los rizos negros y un baile. Los rizos negros y él lacio. Negro. La colina alta. En la boda. El juego de las sillas. El laberinto y las castañas. Las migas de pan. Yo y él perdidos. El andamio y el andén. La maleta cae. La maleta abierta. El presagio. Las monedas flechas. El camafeo escarabajo. Azul. Lo beso azul. Una mañana. Me disuelvo. Un caballero. Lo sagrado. Un ducado. Una reina. La posada. Seca. En la duna y las olas. El retrato. Las monedas. El listón. La pañoleta. El delantal y el pecho descubierto. El muelle nórdico y la colina irlandesa. El mar muerto. El andén en 1800. Él, la mujer; yo. Por los siglos de los siglos y una muerta voz que por los sueños me adivina.
Esta temporada de profecías y temores editoriales-lectores es ideal para recordar que el futuro del libro siempre ha sido la desaparición. Lo han dicho tanto que sorprende el entusiasmo con el que lo repiten una y otra vez, casi como descubrimiento. Afortunadamente, la práctica lectora no tiene final.
Flashback.Los besos. Solían ser apócrifos. La gente gustaba (de) velarlos. El mayor consuelo era leerlos. No estaban en Vetusta, pero como si así fuera. Muchos se conformaban con acudir a los escritorios de amor. ¡Cuánto gozo! Hasta que un día, así lo murmuraban, los cilindros rotativos de una caja itinerante mostraron en movimiento aquello que los mejores versos dejaban a la imaginación.
Zoom in. Con la correspondencia y la escritura, el lenguaje era la piel con que se frotaba al otro;las dedicatorias de amor —episodio de lenguaje, según Barthes— ejemplificaban ese cantar de cantares fundacional, resultado del miedo que impulsó la escritura. El temor a la pérdida, según Roger Chartier, obsesionó a las sociedades europeas modernas desde el siglo xvi, por lo que la escritura se convirtió en un modelo de preservación social. Borrar o ser borrado, sea cual fuera el formato o los tiempos, ha configurado traumas colectivos. Nadie quiere ser reemplazado. Zoom out.
1900. Se acerca el fin del mundo. La historia ya no trata de imperios que sucumben, sino de una tierra atacada por monstruos gigantes, una glaciación global el derrumbe de los subsuelos o fósiles que reviven y emergen del mar: antecesores de Godzilla. El temor por ser aplastado o descubrirse diminuto (casi omitido) es reforzado por la literatura. Gulliver existe, es un homo videns. Disolvencia.
1898. Amado Nervo escribe al ver una pelea de box en el cinematógrafo:
Las revoluciones tecnológicas han influido en el modo en que la humanidad se narra y representa a sí misma, es decir, las maneras en las que concibe el tiempo, desde lo simbólico; son funciones fácticas. La imprenta y el bolígrafo fueron la avanzada.
1900. Es el 1 de octubre cuando se sincroniza el sonido con las imágenes. ¡Ha nacido el cine! La escritura verbivocovisual. El decadentismo ha muerto. No más monarcas.
Crossing-up. Casi al mismo tiempo, León Tolstói considera que el cine ha adivinado “el misterio en movimiento”. Nervo no imagina que, con los años, la adaptación literaria al lenguaje visual llegará; que podrá encontrarse con poemas visualizados, en movimiento y cinematográficos: film-poetry. Sin embargo, Ángel de Campo (Micrós), cronista de los tiempos modernos de la ciudad de México, toma como ejemplo estas impresiones —casi estampas— para construir ejercicios ecfrásticos, en los que se verbalizaban las representaciones visuales. Los periódicos las reproducen.
Flashback. Nos asomamos por una pequeña hendidura en la caja de madera: el instante. Lenguaje del acercamiento. Flash-forward. Jack London cree que el lenguaje visual democratizará el arte literario. De las bibliotecas a las carpas. Grafofobia.
1895. Luego de la llegada de lo que Thomas Alva Edison y William Dickson bautizaron en 1891 como “kinetoscopio”, aparece el cinematógrafo. Así, ver en movimiento, con la tecnificación y la creatividad es ya una escritura en movimiento, frente a la cual la gente grita, pavorida, por el temor a las locomotoras que, piensan, se descarrilan de las pantallas. No es Patmos, pero el estruendo es apocalíptico; el fin de la materialidad de la escritura deviene en la irrupción y el atropello de los objetos: la tridimensionalidad (lo virtual).
Zoom in. Podemos imaginar que cuando la imprenta del alemán Gutenberg entró a la escena en 1450, los coleccionistas y amanuenses se colapsaron en sus monasterios y abadías, literalmente, por la impresión. Los libros manuscritos de los escribanos, sin embargo, evolucionaron. Gutenberg había revolucionado la visualización de la producción y comercialización editorial, con la idea que cambió, también, la escritura: escribir hoy para publicar mañana. Ya se ha dicho. Tony Judt, basándose en Tolstói advirtió que “no hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”. Zoom out.
Los tipos que sustituyeron al grafito se vieron con reserva; sin embargo, no sería sino hasta la aparición del fonógrafo y el cinematógrafo que comenzarían a escucharse las trompetas. Doblaban campanas. Doblan las películas.
Gutenberg tuvo la idea de confeccionar moldes de madera —que algunos gustaron llamar sortilegios— para cada letra del alfabeto; se estandarizó el diseño y la tipografía. La producción en serie se instauró y predominó por sobre el sistema xilográfico creado en China. Se llegó a temer de los libros, considerados talismanes, depositarios de magia y pactos endemoniados. Herejías.
1900. El futuro del libro es el mismo de las escrituras efímeras: no se crean ni se destruyen, sólo se transforman. Pese al escepticismo, la escritura siempre ha sido un sistema abierto. El 4 de enero tiembla en Akhalkalaki. Las placas tectónicas de la editorial se friccionan con movimientos sacádicos.
Pausa. Subversión. Un celador de los libros sagrados maldice y conjura las series. Las montañas de libros desaparecerán, sentencia. Ruinas circulares, celotipia de folletín.
Ocio y negocio. Las letras transitarán sobre plataformas. Las tocaremos. El papel no existirá. 2020. El texto virtual reemplazará al impreso, será etéreo. Las grafías se enunciarán; habrá libros parlantes: es el séptimo sello. En el principio fue el libro…
1900. El cine no aniquilará la escritura. Los ciné-romans —versiones noveladas, y por entregas, de filmes previamente estrenados en pantalla— llegaron para quedarse. 28 años después, en 1928, el dramaturgo W. Somerset Maugham, entusiasmado, adapta su primera obra literaria para el cine mudo. Nace el guionismo. Nietzsche ha muerto. Travelling.
En Palazzo Adriano, los besos de plata, ¡ay, los besos!, como páginas de Torquemada se incendiaron. El celuloide, como el papiro y el papel, fue corrosivo.
Desde la literatura, ante escenarios violentos, nos resta rehacer, desde las sábanas blancas, lo que pende. Arrugar y botar la tinta hasta lo cristalino. Sin embargo, ya una sobreviviente de la guerra, Wisława Szymborska, lo escribió, "la poesía no cambia al mundo". Aunque sí lo reconforta. También nos acerca a la animalidad y a ese salvaje que está en nosotros. Pero algo nos separa de lo primitivo, será, como dice Antonio Lobo Antunes, "porque tenemos el corazón muy cerca de la boca".
El corazón, tan cerca de la boca, sigue luchando contra la disolución del mercenario o el carnicero. Ése que camina descalzo, arrastrando su Historia.
El evento consiste en leer poesía (o fragmentos de novela, cuento, ensayo o canción) que por el filoso, intenso, asombroso, violento o visionario contenido, calen los huesos y dejen frío.
Fecha límite de recpeción del material: 1 de Febrero 2011
El poeta puede celebrar los logros comunitarios de los hombres(...)deplorar la rapiña y la crueldad, dar cuenta de la lucha, la cobardía, del crimen... pero su soledad(...) va hacia aquello que en el hombre permanece invariablemente solo. Es con la soledad de fondo de cada hombre con lo que el poeta se solidariza.
Zenón Felices, velador de estrellas, cúmulos de piedra, pastorea los copos, cerca de Zirahuén. Tarasco y también zurdo, dibuja vértebras a sus cirros. De espuma cuando las cochinillas olean como sedas al mar de un cristal de Christo.
II
Piensa cuando sueña. En las nubes telaraña. Cuando no habla al despertar de sus bajonubes de lluvia, nimbus que nunca cansan los montes. Remolina la vida, con un frío lila; es orvallo o neblina: ojos de algodón en pozo. Felices, maraña el tornasol.
Entre Tabucchi y Bazlen, el mar de Tanner supo situarnos rutas de náufragos, capitanes de altura, tantos vapores sobre trenos como olas al viento de Penderecki. Pistilos de abrazos que llueven nomeolvides cuando roncas y nos perfumamos con el semen.
II
Cada que los días son solos, pecho a pecho, con todo y lo desperdigado, los nados a escondidas, las torpezas para acariciarnos, si reímos, blanco sobre blanco, mamut de mi costilla, somos agalla. Es la felicidad de la roca; la travesura que se nos mete en la cama a salpicarnos sueños, a pesar de cada nube, precipitada y funesta, de la ruleta del orgasmógrafo. Pero calladito, calladito, que la poesía no va a cambiar al mundo. Ni nosotros.
Cronista de sucesos y relatora de viajes. Poeta entre puntos y comas. Me encomiendo a san Sebastián cada que recuerdo y prefiero psicoanalizarme con el tarot de Macondo. Como todos, investigo el sentido de la vida, a veces escribiendo, otras locuteando o, simplemente, programando música para estaciones de radio. Mi primer libro se titula "Junkie de nada. Deca-mi-son" (Lenguaraz, 2009). A que no puedes decir camarón-caramelo 20 veces.