Cada día, último, estrecharás tu mano con la de tu hombre. Ataviada de blanco. Con la sonrisa, última, de un fresco bosque lluvioso. Como la del último día del verano. Amasarás los colores en un último beso. Te amarás y abrazarás tu vida a las nubes de espuma que pisas al bailar. Llorarás, sí. Irás, vendrás, sí. Pero las estelas de más de un camino permanecerán abiertas, y cada tanto, los amigos te cobijaremos al amparo de los lobos de mar.