La Coctelera

Mandalas

8, may

¿Quién, dentro de su mandala,
no ha sentido miedo por abrir la puerta blanca?

La trama que tejía con los pies

el anciano que me enseñó a escribir

se remoja en el muelle de un destello.

El ciruelo

con vehemencia me habla.

Soy la mujer que abjuró

la mestiza acusada del azabache

que cada noche se liba con aceites

su vagina en estasis,

rizos sobre pétalos ahumados;

la que visita tumbas apócrifas

milenarista sin árbol genealógico

licántropa que en cada bocacalle

le habla a un cielo oscuro

de piedras y ojos de agua.

La mujer fractal

que comienza a reconocer

su luz.

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