La Coctelera

Marzo, 12

[Léase en recuerdo de John Steinbeck, quien un 12 de marzo comprendió que las marsopas, heridas, lloran hasta romper el corazón.]

El cielo era gris y amenazador, pero deseábamos embarcarnos hacia la mar en una lancha de pedales. Y lo hicimos. Nos propusimos levantar la expedición: iríamos a buscar la perla y el canto de las marsopas. Habíamos sorteado las pequeñas dunas y mirábamos con gallardía el horizonte, ése que albergaba en alguna coordenada un mogote arrobador, melancólico, sobrevolado por cuervos negros, y abandonado. Nos hicimos: quisimos imitar al maldicho “mechudo”, el buscador de perlas.

La misión era crespante, riesgosa, auténtica.

Yo sabía que él confundía marsopas con sirenas, peces piedra con corales despampanantes y carapachos con dinosaurios, pero decidí que fuera mi acompañante, así que zarpamos, él, en chillante trusa roja, y yo, con mi mejor traje de baño, morado con olanes verde fosforescente, alternando pedales con remos. Habíamos sorteado la parte más difícil, el estanque de cría de camarones y las olas de la orilla, cuando, de repente, pasamos una serie de boyas rojas y amarillas, ¡el emblema del peligro!

Allí fue cuando me di cuenta de la inminente amenaza y le grité:

Tiburón, tiburón, / tiburón, tiburón, / tiburón a la vista, baaañista.

Mi temeroso compañero bien sabía que el tiburón te puede alcanzar. Desde luego, al instante, puso un pie aquí, allá, aquí, allá, y comenzaron los gritos: ay, ay, ay, aaaay, un tiburón / quiere alcanzar / carnita buena para almorzar. Entonces sucedió: entrado en pánico, volteaba la lancha y poco a poco nos sumergíamos. Ay, ay, ay, ay, que te alcanza el tiburón, mamá / ay, ay, ay, ay, que te come el tiburón. Ay, ay, ay, ay, ¡apenas aprendía a nadar!

Tragamos agua, pero salimos a flote después de que la lancha nos succionó. Para nuestra sorpresa, vimos una aleta venir hacia nosotros: un tiburón quiere comer, / de mi pellejo, ¡No! / No va a poder. Ay, ay, ay, ay, ¡que nos alcanza el tiburón! / ay, ay, ay, ay, ¡que nos salva el tiburón, mamá! / ay, ay, ay, ay, ¡que era un buceador!

Eloisa Saal


Texto publicado en Lenguaraz.

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