La Coctelera

SOMOS MÁS LOS QUE DE DESAMOR MORIMOS

La piel de tu espalda

intenta, en zanjas,

mudar de aleta

con el tintineo de Blake.

“Tú corazón también puede ser un sofista.”

Por el vitral entra un rayo desfogado,

el poema responde

la revelación de la Voz:

el amor es reconocerse en el otro.

El secreto está en las comas, no los puntos;

el sueño es mi propio eco

zumbando a gran escala

de años luz,

espetando:

no más drama.

El instinto habla

como la carne en el asador,

vulgar amor,

si es sobrevaloración

si es reconocerse

es narciso

o la imperfección propia:

Ninguna persona real tiene todo lo que ellas sueñan, así que juntan partes de aquí y de allá, una gran verga, una personalidad brillante, millones de dólares, un espíritu audaz como el de Malraux, la atracción masculina de Clark Gable en Lo que el viento se llevó, los modales de un aristócrata francés, el cerebro de un super hombre de la física.[i]

Mi corazón congelado está

junto al de Sharon Tate,

arrodillado,

bajo un sillón,

con el esófago retraído;

el vientre maquinando respuestas

para mi corazón sofista, envejecido,

aferrado como el poeta al hagiográfico “yo”.

yo + tú = ¹ + siempre

No arrepientas de romperte las noches,

luego la luz, tu luz

y las cajas de los recuerdos

con las fotografías truncadas

de Madagascar, baobabs matusalenos

llenos de palabras silentes,

a contracrepúsculo;

mientras tu labio superior

titila, en guiño de odio,

y scratchea la canción:

“En algunos casos, el corazón se jubila antes de tiempo.”




[i] Saul Bellow, Son más los que mueren de desamor.



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