EL AMOR MATA
por Zazil Alaíde
Silencios, miradas, rituales, partidas, muerte y lo concéntrico son palabras que la novela Nenhum olhar de José Luís Peixoto y el poema Esta noite morrerás de Ana Hatherly comparten al hablar del amor, a pesar de los años de diferencia que existen entre los autores y sus obras.
El amor, tanto en la novela como en el poema, es doloroso, resignado y triste, aunque, paradójicamente, fuerte. La fuerza es precisamente su obstinación; son amores tercos, de sollozos y construidos en solitario —pero que, finalmente, encuentran compañía—, por lo mismo, son amores que se expresan desde el enmascaramiento, que no es otra cosa sino una huida, una muerte.
*
En Nenhum olhar (Ninguna mirada), publicada en el 2000, el ambiente general es de pesadez, la cual es ocasionada por el sol, siempre el sol —sol de muerte.[1] Al mismo tiempo, la idea de la vida monótona es visible en cada una de las historias de los personajes, quienes están marcados por la rutina de una tierra que aparenta ser desértica, aislada, calurosa y, por ende, marginal.
El espacio donde se gestará el amor es trascendental, ya que nutrirá y definirá sus formas. El calor que se transpira en Nenhum olhar es canicular y agobiante, al grado de que provoca un sufrimiento infinito; así, José, uno de los tantos narradores principales de la historia lo piensa:
Penso: talvez o sofrimento seja lançado às multidoes em punhados e talvez o grosso caia em cima uns e pouco em cima de outros. (Peixoto 2002: 25) [2]
En el fondo, prevalece la noción de un destino irrevocable, una (mal)suerte de condena:
Penso: um castigo çe a vida, um castigo sem falta ou pecado, um castigo sem salvação; a vida é um castigo que não se impede e que não se consente. (p. 55)
En este mundo el tiempo se alarga para volverse cíclico; el recurso de las analogías entre los elementos de la tierra y los del cielo lo enfatizan y, del mismo modo, las vidas de los padres se continúan y repiten en las de los hijos, como es el caso de José hijo y la hija de la prostituta ciega.
Hay varios elementos de tensión en la historia: las ausencias, muertes y suicidios. (También, como en todo discurso amoroso, son importantes las terceras personas: alcahuetes y/o informantes[3] que desencadenan varios actos y sentimientos violentos como celos y peleas.) Estos elementos sugieren un espacio vacío en el lugar del sujeto amado y, además, la condición trágica del amor: no ser correspondido, ser despojado del amado y auto-elidirse.
Es muy significativo que sean los hombres los personajes que encarnan el discurso de la tragedia del amor, pues por tradición le ha correspondido a la mujer ser la que espera, es fiel, canta la ausencia del que ama e incluso, cuando está marcada por la muerte, estoicamente la resiste; pero en el caso de Nenhum olhar los hombres no soportan las pérdidas ni las ausencias y recurren al suicidio, como José padre al comprender que su mujer no lo ama e intuir que su hijo no es suyo; Moisés, el siamés, quien ante la muerte de Elías también muere, y el maestro Rafael que se inmola al morir su esposa e hija. Otro ejemplo de la espera es el de José padre y José hijo, quienes esperaban, sin hablarles, a las mujeres que querían, afuera de sus casas de trabajo: la espera es signo de amor.
A partir de la ausencia —y del sentirse ausente—, el tiempo narrativo se bifurca entre el presente y el pasado; desde este recurso es posible hablar de la melancolía, frustración o reclamos que el otro provoca o insita a repasar la historia personal del desasosiego. Tal discurso enmascara, con amor-desamor, el hastío de una vida sin fin ni principio, estática, de “eternidades sucesivas” y desencantos; el amor enmascara los verdaderos orígenes (necesidades) del deseo. No se huye del amor-desamor sino de lo incomprensible de la vida:
Os homens são uma parte pequena do mundo, e eu não comprendo os homens. Sei o que fazem e as razoes imediatas do que fazem, mas saber isso é saber o que está à vista, è não saber nada. Penso: talvez os homens existam e sejas, e talvez para isso não haja quealquer explicação; talvez os homens sejas pedaços de caos sobre a desorden que encerram, e talvez seja isso que os explique. (p. 67)
Regresando al tema de la ausencia, signo principal de las relaciones de amor en Nenhum olhar, éstas, como las despedidas y las pérdidas, se anticipan en la narración con los flashback —sumarios de recuerdos— y las menciones a las miradas. Los personajes no suelen mirar de frente, sino de lado o hacia abajo y cuando miran de frente retan la vida y es justo este reto el que los hace tomar la decisión de morir, pues, quizá, en este instante comprenden qué es vivir[4] —un ciclo que se continúa con la muerte— o, simplemente, sin intelectualizar, el dolor les sobrepasa. En el caso de José padre, al despedirse de su esposa e hijo, sale a caminar y ahí su monólogo fuera de cuadro predispone al lector la acción con la que finaliza el libro I, su suicidio:
Olho de frente o último raio de sol antes de o sol desaparecer. […] Nunca nenhum homem suportou a escuridão sem nenhuma luz. (p. 96)
La luz resulta la metáfora del deseo; sin él, y sin plenitud, se está ausente de la vida, una vida representada por la oscuridad (aunque el espacio esté plagado por sol, es una paradoja), es decir, un vacío —ausencia de luz. El amor es también parte de la luz, por lo mismo, se le puede mirar, y se le debe mirar de frente; pero en la novela se le evade. Incluso en el lenguaje hablado, así lo señala el siamés Moisés al perder a su hermano:
E não tenho mais vergonha dessa palabra que nunca dissemos: amor: essa palabra: amor: que nunca chegámos a dizer e que hoje preciso de dizer. (p. 79)
El juego entre luz-oscuridad, vida-muerte, amor-huída, mirar-no ver, es una forma de expresar las transferencias, desdoblamientos (qué mejor ejemplo que el de los siameses Moisés y Elías o el de José padre e hijo, quienes hasta el nombre conservan) que inconscientemente emergen en la vida. Freud, parafraseando al poeta Heine, desarrolló la idea de “el doble” como parte inherente de un todo para representar la lucha dualista entre las fuerzas sobrenaturales del bien y el mal; incluso “los dioses se tornan demonios una vez caídas sus religiones”.[5] José Luís Peixoto recurre a elementos que enfatizan tal condición; así, Nenhum olhar comienza con el paralelismo cielo-mar:
Penso: talvez o céu seja um mar grande de água doce e talvez a gente não ande debaixo do céu mas em cima dele; talvez a gente veja as coisas ao contrário e a terra seja como um céu e quando a gente morre, quando a gente morre, talvez a gente caia e se afunde no céu. (p. 7)
Luego, si se piensa en los nombres bíblicos que el autor eligió para los personajes de la novela, José, Moisés, Elías, Rafael, Gabriel, Salomón, Judas, el demonio, los paralelismos representan una simulación del mundo judeocristiano, desde la visión del otro (un ambiente de miseria material y sequedad espiritual, en el que es significativo que las mujeres no posean nombre y se dediquen a la prostitución o sean catalogadas como putas), a través de ciclos construidos con base en el ascenso y descenso de elementos que, además, se perpetúan conforme avanza el tiempo; treinta años antes y treinta después no movilizan los elementos raíz del espacio:
Não precisava de contratar as pessoas para a cortiça ou para a azeitona, não precisava de escolher os ratinhos para a Ceiba, pois há trinta anos que eram os mesmos, com a mesma forçca, com o mesmo trabalho esmarrido em suor; e, se por acaso algún morria, era substituído pelo filho na temporada seguinte. Não precisava também de fazer contas ao dinheiro, porque há trinta anos que os mesmos homens vinham nos mesmos dias certos, compravam as mesmas arrobas de cortiça, o mesmo peso de trigo e de azeitona, pagavam o mesmo que nos anos anteriores […] (p. 147)
Con estas alusiones y con el tiempo que se retrata, la novela retoma la tradición poética mítica del pensamiento cristiano-occidental; sin ser religiosa, aborda los orígenes metafísicos de una cultura, de su conciencia, indisociablemente religiosa, del ser. (Tan sólo, las relaciones de amor son triangulares y parodian la trinidad religiosa de la creación del hombre.[6]) Toca el tiempo, un tema fundacional del pensamiento, igual que la muerte. El tiempo es así la clave del universo; a partir de su conciencia (la duración), los personajes de Nenhum olhar se explican la naturaleza y el ser. La búsqueda de un equilibro entre fuerzas positivas y negativas es una visión de mundo que Peixoto retrata, así como la concepción de un tiempo cíclico, de ahí la constante repetición como recurso narrativo:
Penso: talvez haja uma luz dentro dos homens, talvez uma claridade, talvez os homens não sejas feitos de escuridão, talvez as certezas sejas uma aragem dentro dos homens e talvez os homens sejas as certezas que possuem.
Nem as certezas. Nem as sombras. Nem as cinzas. Nem os gestos. Nem as palabras. Nem o amor. Nem o lume. Nem o céu. Nem os caminhos. Nem o passado. Nem as ideias. Nem o fumo. O mundo acabou. E não ficou nada. Nenhum sorriso. Nenhum pensamento. Nenhuma esperanza. Nenhum consolo. Nenhum olhar. (p. 191)
El amor en Nehnum olhar parece, igual que la vida y la muerte, un sufrimiento. Luego, si el amor es lo mismo que la vida y la muerte, no es más que una re-creación de las mismas, para olvidarlas o mitigarlas: se ama para olvidar que se vive (sufriendo) y se ama para mitigar la ausencia (pérdida, muerte) de lo deseado. La vida está marcada por el conflicto y las tensiones y cuando se eliminan, metafóricamente se sale del tiempo y de la historia, es decir, del movimiento, pues la vida tiene lugar a partir de la transformación de lo existente; si nada cambia, todo es estático o se repiten versiones de la misma historia, se reafirma la muerte: se ama para huir de la vida.
El caso especial de los personajes ciegos (la prostituta ciega y su hija) o de los que evaden las miradas, en el discurso del amor, manifiestan el síntoma de la represión. El psicoanalista Georg Groddeck teorizó —y experimentó— acerca del ojo y los problemas visuales; llegó a la conclusión de que muchos, incluida la ceguera, están determinados por el cerebro, que funge como un órgano de represión. Su planteamiento parte de que los constituyentes del ojo, por necesidad, deben reprimir ciertos estímulos para captar otros; tan sólo el iris debe limitar la imagen o campo visual de lo que se ve. En la novela, esta idea es clara: los personajes que no ven, no quieren ver. La ceguera es ambigua, puede representar una forma de superstición —mal de ojo— o la sabiduría del que “ve más allá” (recordemos a Edipo), y es igual de ambivalente que lo siniestro, es decir, lo extraño o desconocido (en muchas culturas lo demoníaco y repulsivo). Y ¿qué es lo que se evade? El sufrimiento por la aridez de la vida.
La frase “dar a luz” es muy reveladora, lo mismo que la acción de “alumbramiento”. En el lenguaje está simbolizado el hombre, pues nos constituimos al igual que una narración; así, por ejemplo, si atendemos a la palabra latina oculus (‘ojo’, ‘dar luz’, ‘sol’, ‘yema’ e incluso ‘ser amado’[7]) de la que deriva olho (‘ojo’) y, por asociación, comparamos la forma —e incluso el sonido— del ojo (olho) y la del huevo (ovo), es factible acercarse al significado del término mirar (olhar) y su negación.[8] La mirada se asocia con la concepción, la vida y no mirar, ser ciego, con la esterilidad, de nuevo, lo árido. Pero la ambigüedad vuelve a aparecer; fonéticamente las palabras cego (‘ciego’), céu (‘cielo’), cheio (‘preñar’), zelo (‘celo’) y ciúmes (‘celoso’) poseen similitud, y, justamente, son términos axiales en Nenhum olhar. Recurramos al suicidio de José padre, final de la primera parte del libro y al inicio donde se marca el paralelismo entre el cielo y el mar y la tierra y el cielo; cuando la gente muere —cree José—, tal vez caiga y se funda en el cielo, mismo que quizá sea una especie de mar. Si el cielo y el mar se corresponden, cuando se cuelga, entra al agua, donde, por su profundidad y oscuridad, no se ve. Pero, también, caer se corresponde con la vida; por una ley natural, el fruto cae a la tierra, los iniciados, los enamorados (‘falls in love’), quienes nacen. Otra vez, se muere para dejar de sufrir y para re-nacer: mientras no haya mirada, no habrá vida ni amor, pero la mirada también mata (el “ojo del mundo” es sol y en la novela, el sol es pesado, “com raios de luz ou de morte”[9]). Nenhum olhar es una novela del desamor.
*
Esta noite morrerás ejemplifica la poética del amor como rito. El que ama se vale de la magia para atrapar al objeto amado, una condición ancestral presente en todas las culturas; el yo poético lanza, desde el principio, la sentencia: “Esta noite morrerás”, que abre un reto con el amado, desde un lenguaje tajante y directo.
El yo poético prepara un hechizo de amor, motivado, paradójicamente, por el desamor (la ausencia del que ama)[10]; así, a lo largo del poema se prepara: espera al eclipse, que emula la media noche cuando la luna está en la posición propicia (llena)[11]; utiliza la ortiga, conocida desde los griegos y romanos como afrodisíaco[12]; el espacio donde todo transcurre es su lecho; ofrece un cabello a la luna, a cambio de su incertidumbre y le aúlla como un lobo (en señal de lamento y petición)[13]; entrega gotas de sangre al mar (en los embrujos de amor es una constante lanzar los conjuros al agua o a una cavidad que remita al vientre, un principio materno), y sacrifica a un pájaro, atravesándole el corazón con alfileres. Además, durante el ritual entra en un éxtasis de fiebre (arde de placer) y, como es importante en los hechizos de amor, aparece la figura de la saeta[14], representada por la luna.
Los adjetivos del poema son descarnados y sexuales, muy relacionados con la fantasía; todos los símbolos presentes, principalmente sexuales, recuerdan al surrealismo, precisamente por la idea del sacrificio como portador de placer sexual —y amoroso. El deseo implícito del yo poético es que el otro regrese y permanezca hasta la muerte (viva muerte).
El modo en que se distribuye el espacio en el poema implica una idea o concepción del mismo. En este poema, los versos son de rima libre y van creciendo en intensidad; igual que en un rito, que tiene, como en una campana de gauss, un principio, una parte liminal y un fin, y se van trazando sus pasos; Esta noite morrerás va marcando un camino de sacrificio con los pasos y las huellas de sangre y siguiendo un círculo, pues las referencias a lo mecánico, lo constante, infinito, el tiempo, la hora que necesariamente es circular (como en todo rito, la calendarización es el punto de partida), lo concéntrico y redondo son bastantes: maquinismo ínscio, panoplia, concêntricas, a lua, olhos abertos.
En Esta noite morrerás se enmascara el amor con magia, para huir de la soledad, de la ausencia: se desea la muerte del otro pues el desamor mata[15], y reafirma la sexualidad (el poder) de la mujer-hechicera. En el fondo, quizá haya una moraleja: el amor tiene una parte racional-filosófica y otra mágica, donde se sublima-simboliza su penar.
FUENTES CITADAS
§ BARTHES, Roland (1989). Fragmentos de un discurso amoroso. México, Siglo XXI.
§ CIRUELO, Pedro (1986). Tratado de las supersticiones. Puebla, Universidad Autónoma de Puebla.
§ ECO, Umberto (1989). El nombre de la rosa. La Habana, Editorial Arte y Literatura.
§ PEDROSA, Inês (2001). Poemas de amor. Antología de poesía portuguesa. Lisboa, Dom Quixote.
§ PEIXOTO, José Luís (2002). Nenhum olhar. Lisboa, Temas e Debates.
[1] “Havia um sol dentro de um sol dentro de um sol no meu olhar”… (p. 67)
[2] De aquí en adelante, las citas de la primera parta del trabajo corresponde todas a Nenhum olhar y únicamente se señalará la página de la que fue tomada.
[3] Aquí una definición de Roland Barthes de quién y qué hace un “informante”: ‘Figura amistosa que parece, sin embargo, tener por función constante herir al sujeto amoroso entregándole, como si tal cosa, informaciones sobre el ser amadote carácter anodino, pero cuyo efecto es el de perturbar la imagen que el sujeto tiene de ese ser.’ En Nenhum olhar, el demonio funge como tal, sembrando cizañas y discordias.
[4] Vivir es sufrir, lo mismo que morir; así lo dice José hijo: “a morte pareceu e um sofrimento igual ao de viver, olhando um novo dia, sabendo tudo o que sei.” (p. 177)
[5] Freud, Obras completas, “Lo siniestro”, t. XVII.
[6] Es constante la aparición de la trinidad como símbolo de la sexualidad entre el hombre y la mujer y la semilla (los hijos) que los re-crea: José, su mujer y su hijo; el gigante, la mujer de José y José hijo; la hermana de José, su cuñado y su sobrino Salomón; Rafael, su mujer y su hija; los siameses y la cocinera; José hijo, Salomón y la mujer de Salomón.
[7] Existe la noción de que el amor entra por los ojos.
[8] Del mismo modo, oculus es muy similar a la raíz latina occulus, que significa ‘ocultar’: con lentes oscuros [simbolización de la ceguera] se oculta la mirada.
[9] p. 12
[10] “No solamente hazen supersticiones y hechizerias para alcanzar bienes, y para se librar de los males: mas tambien algunos perversos hombres, y mugeres las hazen para dañar y hazer mal a otros sus proximos.” Así lo relata Pedro Ciruelo al inicio del capítulo V de su Tratado de las supersticiones, donde señala estos hechizos como diabólicos.
[11] Cuando la luna tiene un halo concéntrico y se refleja en el mar, se intuye que es luna llena: “Esta noite a lua terá um halo de concêntricas florações/ de gotas do teu sangue e a irisada sombra do meu leito…”
[12] La ortiga es también conocida como una “mala hierba”, pues es ponzoñosa y causa urticaria.
[13] Abu Bark-Muhammad Ibn Zaka-riyya ar-Razi (filósofo y alquimista persa), “identifica la melancolía amorosa con la licantropía, en la que el enfermo se comporta como un lobo […]: primero se altera el aspecto externo de los amantes, la vista se les debilita, los ojos se hunden y se quedan sin lágrimas, la lengua se les va secando y se cubre de pústulas, el cuerpo también se les seca y siempre tienen sed.” (Umberto Eco, El nombre de la rosa, p. 470)
[14] Los cuchillos (símbolo de un principio masculino) son clave en los hechizos pues se usan para provocar pequeñas hemorragias con las que se hará voto o pactará. También se considera que consolidan el amor si son obsequiados.
[15] El amor, por ende el desamor, hace caer en un estado enfermizo, cuando no se sacia, se vuelve un pensamiento obsesivo. En el poema, la fiebre en la que el yo poético arde como pira, así como la violencia con la que sus uñas desgarran simbólicamente al amado, invocan este estado-posesión.
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