La Coctelera

En el Metrobús existen una serie de anomalidades relacionadas directamente con el cobro del servicio. Las máquinas de cobro, así como las tarjetas y los torniquetes electrónicos, a contentillo fallan; después de un cansado peloteo burocrático para exigir la bonificación del dinero que la máquina se "comió" de mi tarjeta, situación frecuente y que millones de usuarios vivimos a diario, he descubierto que la concesión de dichas máquinas, así como la recepción y administración del dinero, lo lleva a cabo INBURSA. Es necesario hacer pública esta información y una investigación a fondo, ya que el robo de dinero en este sistema de transporte resulta cínico. Repito, soy una usuaria diaria, como tal me he percatado de estas anomalidades y las he vivido en muchísimas ocasiones; nunca había exigido la bonificación por el tipo de trámites que implica, el tiempo y vaya, uno a veces piensa que no tiene caso pelear por algunos pesos; pero la realidad ya ha llegado al extremo y esto de que las máquinas fallen resulta excesivo. Accediendo al sitio web de Metrobús hay un letrero urgente cuya información se relaciona con el "mal funcionamiento de las tarjetas"; ahí proporcionan un teléfono, cuya única función, según me informaron, es la de tomar los datos de los afectados. Si ya hay una línea es porque el problema es grave; uno a diario ve y escucha usuarios quejándose, perdiendo el dinero, etcétera. Con tal situación, no hay nadie que informe que sí hay un modo de reclamar el dinero. El procedimiento para tal es absurdo, lleno de trabas, lento. Más allá de pelear por un viaje o algunos pesos, la desaparición del dinero, a través de este sistema de cobro está rebasando límites de fallas "normales" y mientras no se haga público, los concesionarios seguirán operando fraudulentamente.

Estas "fallas de sistema" resultan muy factibles para la corrupción: es dinero electrónico y mágicamente puede desaparecer; el usuario no cuenta con un respaldo ni protección de su dinero, pues las tarjetas no funcionan como las de débido o crédito, ya que no tienen un número específico ni un registro de cuenta. Nadie se responsabiliza y para exigir las bonificaciones no hay formas de comprobación, más que el "ojo de buen cubero" de quienes analizan, caso por caso, qué tan verídico parece el incidente.

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