La Coctelera

Categoría: pomes

Fiesta: música, artes visuales y poesía, en LAB408

© Fotografías de Glenda Lizárraga y Gabriel Amezcua

© Textos de Alí Cuevas y Zazil Collins

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Junkie de nada

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Sobre "Junkie de nada" de Zazil Alaíde Collins

Una guerra sin causa
por Gil del Valle[*]

Zazil Alaíde Collins, Junkie de nada, México, Lenguaraz, 2009

Reaccionamos con lo que tenemos más a la mano y sin reflexionar en ello, El Fandanguito exige una improvisación al sonero conforme la carta que la suerte le pone enfrente y, de la misma forma, Junkie de nada se levanta desde un azar anunciado -quizá calculado- para enfrentar diez cartas de la lotería jarocha o diez temas de la chilanga contemporánea para resolver poemas haciendo uso de lo que ella misma (la chilanga), sola y su alma, trae bajo el brazo.

El resultado, la respuesta de Zazil Alaíde Collins, es una refrescante mezcla de sones jarochos y poemas construídos de forma ecléctica que complementan el ritmo con su "son correspondiente" y con la profusa y variada carretada de imágenes, referencias de canciones, notas al pie, vínculos a YouTube, titulares de periódicos, películas...

Hay varios caminos por los cuales entrar en diálogo con este poemario, algunos de ellos son: la propuesta de Anne Waldman, una poesía definida por su energía y no por su sexo; tomar partido en la lucha contra la "puta menstruación" y su catálogo de enojos o entrar en la tertulia de "Tres mujeres en el diván"; participar de "Un slang de bebedores autómatas [que] conversan tomándose cafés con Gödel"; o rehusar todos aquellos y aplicar mi consejo favorito de la Zaz: Quema los papeles / Aléjate de la verde poesía / y el sostén de sus reyes. / Aparenta ser el tierno error / de la peluca en crepé ("Quémalos").

Con Junkie de nada, entramos en terreno agresivo, enojoso y pocas veces simple. Si bien tiene una estrategia y una poética definidas, pierde cohesión y nos abandona -para bien o para mal- en la isla de sus ansiedades más sinceras. La "yo lírico" no miente. En una mise en abîme vemos una serie de reflejos que, aunque están conformadas con distintas situaciones, resultan equivalentes: "Todo mundo dice que son palabras", "Olvida los envistes, / el vulgar glamour de la gente médula", "la metáfora rebuznó brillante", "Reyerta es la poesía / en medio de una procesión / de niños desfondados".

De los anteriores ejemplos se rescata esa pulsión burlona y antipoética que le da los mejores momentos a la lectura del poemario. Un oasis después de tanta sed de pelea y posicionamiento. ¿Una guerra sin cuartel? Mejor una sin causa. Los motivos los conocemos todos de sobra y este tiempo -y este poemario- no está para explicarlos, sino para señalarlos y vencerlos -al menos mientras la vista recorre los versos o la pluma los dibuja- con una sonrisa sardónica.

Cada quién habla según le va en la feria, pero "Junkiedenadalandia" tiene atracciones en las que varios hemos participado y pocos se libraron de una arcada causada por una súbita caída o una curva inesperada, o de un llanto desconsolado debido a una trepidación sin cinturón de seguridad. ■

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Cabo, en Metapolítica 67 (noviembre-diciembre 2009)

por Zazil Alaíde Collins[*]

{Canta la viuda número 8}

1
Se arrastra como rama de árbol, en la superficie húmeda. Transpira un azufre. Cristales de agua en el hocico.

2
Busca comida. Restos de olor que son cuerda, que son memoria. La vida de un pueblo, frente a la veladora y
el retrato sobre la cómoda.

3
El casco cuelga en el ropero roído. Lloro, porque te pienso atrapado. Ensordecido.

4
Oleada de 600°C. Expansión. 2.5 kilómetros. Asfixia. Tú. Arrodillado. Cargas la pala. El foco parpadea. Manos
negras.

5
El caldo de gallina y los frijoles esperan. Insepultos. La mesa está de luto. Cruzo los cuchillos para que el viento se lleve la lluvia.

6
Saponificados. Hundidos. Inservibles. Bultos por encargo que debieron ser olvidados. Calor de insomnio. 2:30 a.m.

7
Zopilotes los helicópteros. Sentenciaron la muerte de los hijos sin cara. Viscoso acontecer que no perechó.

8
En medio de la noche, despierto sobresaltada por tus pesadillas. Sueños que suplico. Girones.

9
Mallas en tajos, y mujeres alrededor hilan un retablo de plegarias. Cobijas en guardia.

10
Cercada por derribo. Zona de riesgo. Minero 4, minero 2, segunda entrada, reportan concentración. Las poleas continúan sucias.

11
Gris humo, gris mortandad. Grises rieles nubosos. Les recordamos, cuando un país les enterró sin cuerpo.

12
Generación tras generación, los abuelos pizcaron metales, mientras los sindicatos enjabonaron sus pieles con calabaza.

13
Mineros o soldados de una guerra sepia. Alcohol vacío, bajo el brazo. De sus cantimploras, lamieron los segundos.

14
Gélidos garroteros de la tierra. Valieron menos que las bestias. 19 de febrero de 2006. 6:00 a.m.

15
El aire no sería. Dejar de respirar. Sobrevivir. Epitafios para desaparecidos. Gante en su funeral. Trigo para las viudas.

16
100 Huérfanos. Y la angustia que nada calla. Cascos azules. Y se preguntan ¿dónde están las viudas? Tres años después.

17
Cuando un incendio nos presiona, otra vez, los pechos, nada calla. Por ustedes, los vivos, los 65.

19
4.14 a.m. Me levanto a hervirte el agua, sólo para volver a tus brazos ciénegas.

21
Pero ese perro moribundo que se arrastra de cola, pero este silencio, pero estas sábanas manchadas raspan la cicatriz.

22
Y a siniestra hora de madrugada, me pregunto, ¿cuándo encontrarás mi cabo? No más piedras. Huesos.

23
Las parcas sellan besos sauces, para resucitarlos, envueltos
en miradas y blancos pétalos.

24
Ellas pronuncian sus nombres, entre Sabinas y estrellas, el día de San Juan: Javier Pérez Aguilar, Amado Rosales Hernández, Jesús Morales Boone, y 62 mineros más.

25
La voz es cabo. ■

EPITAFIO COLECTIVO

† Javier Pérez Aguilar
† Amado Rosales Hernández
† Jesús Morales Boone
† Lauro Olacio Zarazu
† Jesús Cortez Ibarra
† Tomás Patlán Martínez
† Fermín Tavares Garza
† Juan Antonio Cruz García
† Juan Ramón Barrientos Gloria
† Jesús Armando Rodríguez Torres
† José Guadalupe García Mercado
† Guillermo Iglesias Ramos
† Adrián Barboza Álvarez
† José Luis Calvillo Hernández
† Óscar Javier Cerda Espinoza
† José Ángel Guzmán Franco
† Roberto Zapata González
† Jesús Alberto de León Camarillo
† Mario Alberto Ruiz Ramos
† Pedro Doñez Posada
† Ricardo Hernández Rocha
† Jorge Bladimir Muñoz Delgado
† Juan Fernando García Martínez
† Hugo Ramírez García
† Juan Arturo Salazar Olvera
† Juan Antonio Cárdenas Limán
† Feliciano Vázquez Posada
† Gil Rico Montelongo
† Rolando Alcocer Soria
† Roberto Guerrero Ramírez
† Ignacio Hernández López
† Jorge Antonio Moreno Tovar
† Jesús Álvarez Flota
† Juan Manuel Rosas Hernández,
† Agustín Botello Hernández
† Ignacio Campos Rosales
† José Alfredo Ordóñez Martínez
† Margarito Zamarron Alfaro
† Gilberto Ríos Salazar
† José Armando Castillo Moreno
† Isidoro Briseño Ríos
† Felipe de Jesús Torres Reyna
† Pablo Soto Nieto
† Margarito Cruz Ríos
† Raúl Villasana Cantú
† Eliud Valero Valero
† Guillermo Ortiz Mora
† Juan Martín Gómez Martínez
† Mauro Antonio Sánchez Rocha
† Reyes Cuevas Silva
† José Manuel Peña Saucedo
† Jesús Viera Armendáriz
† José Eduardo Martínez Baltasar
† Gregorio Rangel Ocura
† Julián Martínez Ojeda
† Ernesto de la Cruz Sánchez
† Mario de Jesús Cordero Arévalo
† José Porfirio Cibrián Mendoza
† José Ramón Hernández Ramos
† Juan Raúl Arteaga García
† Luis Jorge de Hoyos Márquez
† José Alfredo Silva Contreras
† Jorge Arturo Ortega Jiménez
† Arturo García Díaz
† José Isabel Mijares Yánez

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Poesía en Casa Hilvana, 7 de noviembre

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En el Faro Joven de la FIL del Zócalo: 17/10/09

Notimex

Con un programa que pretende abarcar los amplios intereses de la juventud actual, con talleres, literatura y música, en la IX Feria del Libro del Zócalo se instalará una vez más el espacio El Faro Joven.

En este espacio dentro del encuentro editorial que se llevará a cabo del 9 al 18 de octubre en la Plaza de la Constitución, habrá mesas redondas sobre el cómic, talleres de tornamesa, presentaciones literarias y conciertos de dub, hip-hop y rock, entre otros actos.

Las actividades juveniles iniciarán el día 9 con una transmisión en vivo del programa radiofónico "El weso" y a lo largo de la feria habrá la presentación de libros en diversos géneros literarios, como ciencia ficción, "Gel azul" de Bernardo Fernández, y poesía, "Junkie de nada", de Zazil Alaide Collins.

También, "Picnic en la fosa común" del músico y escritor mexicano Armando Vega Gil, o la promoción de autores jóvenes por parte de empresas independientes como Amarillo Editores y Lenguaraz.

Asimismo, habrá mesas y redondas y conferencias sobre el cómic con personas provenientes de diversos estados del país; el tema de Acteal; y Alejandro Magallanes, uno de los cartelistas más reconocidos actualmente, con exposiciones en una decena de países, hablará de su trabajo.

Habrá conciertos literarios, con jazz y poesía de Vicente Huidobro o Daniel Malpica, y en música en general se presentarán en concierto bandas como Las Comadrejas, Los Guanábana, Dj Carlos Icaza, La Petra, El Mastuerzo, Cabeza Parlante y Ventisca.

También, del género dub estarán Algorythm & Blues; del dubstep hará su presentación Nimbo; Antiestrés, un proyecto alterno de Los Músicos de José y Xolo, un espectáculo poético musical en náhuatl y en español encabezado por Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa.

Otro proyecto de corte experimental es la que ofrecerán los músicos Lázaro Valiente, Carlos Iturralde y Microbelios.

De cine, se proyectará el cortometraje "Nación apache", de Carlos Muñoz, y habrá actividades de las Fábricas de Artes y Oficios (Faros), como una pasarela de moda alternativa, mesas redondas, conciertos musicales y exposiciones plásticas.

Asimismo, se desarrollarán diversos talleres como medicina tradicional, encuadernación, canto y elaboración de papel artesanal, entro otros.

Destaca también en la programación juvenil de la feria del libro el laboratorio de composición e improvisación para lectores no músicos de Lázaro Valiente, en el cual los participantes formarán parte de un performance.

Igualmente, la charla "La experimentación en la ilustración contemporánea" impartida por Amor Muñoz, becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y un taller de tornamesa, en el que se hablará de la cultura del scratch y del hip-hop.

agp

*Presentación y lectura: sábado 17 de octubre, 7 a 8 p.m.

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Naturaleza muerta y mi bodegón poeta

Se queja.

Enmudece sus colores con e s  c   a    l     a      s grises.

Lloramos al que, a otro, espera. Antídoto estúpido.

Mitad incoherencia. Verdad:

juegas al niño y al cartón caliente.

Envistes al peón. Te meas en tus dientes.

Amamos la altura de nuestros pezones,

y guardamos el silencio

porque vivir cuesta lo mismo que un beso.

Incluso el fuerte sucumbe,

es lo vulnerable,

los dientes que se van minando por la sustancia.

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ANDANZA DE ROPAVEJERA

Drama en duetto

Es el tiempo de los dioses que han huido y del dios que vendrá. Es el tiempo de indigencia, porque está en una doble carencia y negación: en el ya no más de los dioses que han huido, y en el todavía no del que viene.

Hölderlin y la esencia de la poesía, Heidegger

Alita sabía muy bien que no podía volar, porque no tenía alas. Era simplemente liviana como una hoja, casi como una paja, casi, casi como las semillas con alitas de ciertos cardos, los panaderos que el viento suave lleva muy lejos. Cuidado con el viento, Alita, que puede llevarte. Se juiciosa, que el viento puede conducirte adonde no quieres.

Paul Eluard

Cuadro de texto: Escenario: una casa abandonada; ruinas citadinas Caracterización de los intérpretes: pepenadores  Distinción de voces:  Parte 1 Redondas = voz 1 fuera de cuadro, mientras otro personaje [hombre] improvisa danzando Cursivas = voz 2 [mujer]; relata desde una silla. Parte 2 y 3 Redondas = voz 1 fuera de cuadro, mientras otro personaje [mujer] danza. Cursivas = voz 2 [hombre]; relata desde una silla.

[Escúchese : ‘Four Gnossiennes’ de Erik Satie]

1

Bordeaba con una uña el grano en su sien hasta que sangraba. La manía devenía en tensión. Rascaba hasta hinchar la piel y luego se arrepentía por la cicatriz que quedaría —no te hagas daño, se decía. Pasaba la noche en vela; saliendo a dar vueltas a la calle, dos o tres veces por la madrugada; vigilaba a las cucarachas, de las que su piso era nido, para aplastarlas. A veces, la fatiga le hacía quedarse recostado, observando cómo movían sus patas y se arrastraban abriendo las alas. Había aprendido que las pequeñas se camuflagean con el suelo; las grandes son muy rápidas, más que las pequeñas: corren, saltan. Elásticas. Las había güeras, alemanas, asiáticas y, por alguna extraña razón, blancas, tan blancas que se deshacían al soplarlas. Dejaban sus esqueletos en cada rincón de su cuerpo. A veces. Alucinaba verlas. A veces. Oía los disminuidos ruidos de su caminar. Se cansaba. No quería acostumbrarse: y no había opciones.

Mi historia no tiene príncipes o botellas al mar con mensajes de amor. Me siento todas las tardes (todas es mentira) bajo la sombra de aire de un ciprés: espero. Espero nivelar una brisa que no es y un aire que contiene millones de años de una fuerza brutal, igual a la tensión de las placas tectónicas de una falla; una brutalidad para atemorizar a cualquiera del venir de un torrente de calma engañosa: mi presagio.

Sabía de su padre que, cuando niño, tocaba el arpa cada vez que se sentía triste y de su madre /caracterizada como Cihuacoatl/, que tenía serpientes en la cabeza, por lo menos en los sueños. Recordaba las noches de verano en que se sacrificaban las víboras de su rancho para bien-decir su tierra.

—El arpa de papá es un lamento. [Cantaba]

—Las serpientes de mamá, / las serpientes de mamá, / las serpientes. [Recordaba]

Despertaba cuando caminaba un diminuto remolino en su piel. Se había acostumbrado. Eran los ácaros de su memoria que salían de su cabeza [metafóricamente, la almohada] en busca de otro nido que los acogiera.

Tenía algo de compulsiva su desfiguración. Leí una vez en la puerta de un baño público que resulta espantoso eso de que la belleza no sólo sea una cosa terrible, sino también misteriosa. Repaso esta frase, como rezo obseso, cuando me veo reflejada. En mi casa no tengo espejos.

Las cucarachas le cosían un odio romántico en círculos, agotando los hilos de patas arcaicas, la escoria añeja e infecciosa que le tapaba los oídos con ocotas.

Me recurren sueños de vacío de los que me queda una sensación culposa. Alguien me jala. Me atemoriza el rapto: mi presagio.

Ha querido confesar un temor atávico e insolente que lo carcome; confesar que él y tú [sólo él] no merecen tales mercedes. Nunca nadie habría de comprarle el shampoo o lavarle la cara, mucho menos escoger su menú de pompas de jabón. (Prefiere dormir con su mona amarrada por una soga al cuello, triunfante y altiva como su garganta que relincha.) No hubiera querido darle por regla un remanso o sus lágrimas en ponche de risas, soñándola con un ojo abierto y asiéndose de tantos “me muero de sin usted”.

Fuerte no significa gracia ni detonante. Ni la alternancia de sustancias o “bien portado” amor, “alegre” amor, “completo” e “infinito” amor. No tendría por regla el amor. Él no quería vivir en amor ni en el fuego de un dragón. Porque roncas. Con la conciencia roncas. Con la herida abierta [siempre un boquetón] de melodramas. Y dices que “lo amas” con un amor estupidizante. Tú, ridícula libélula de cola de corazón:

él nace y te anida.

Nace y te anida.

Nace y mil veces te anida.

Te anida y mil veces te devora.

Él devora.

Alabarte no me calla.

—¿Eres quien espera o hace esperar?

—Des-espero y parto. Te coloco atrás. Vivo el duelo. Has muerto.

Cruzo las palabras como cuando es amor y amor(-)atado. [Escribe en una pizarra]

¿Lloras de repente?

Lloro cuando estoy triste;

pero ¿lloras de repente?

Lloro

Tiene el corazón humano, pero en la calle es el momento en que debe transformarse en asesino.


no quiero

no puedo

no necesito

no quiero

no puedo

no necesito

Nó quiero.

Nó puedo.

Nó necesito.

Nó quiero.

Nó puedo.

Nó necesito.

Nó.

Nó.

Nó.

Nó.

Nó.

Nó.

no quiero

no puedo

no necesito

no quiero

no puedo

no necesito


¡Sosiégate! Si te mal portas, la ropavejera vendrá y en su costal te llevará. La mamá serpiente, a diario, le mordía con el veneno del amor neurótico, protector e incipiente: le acostaba por las noches recordándole: “El vampiro oculto, formado de todas las bajas pasiones de los hombres, quiere llanto de niño”.© Él no lloraba, no se atemorizaba pero no dormía. El lamento de su papá se colaba por la ventana, junto a un olor a basura que emanaba de la coladera de su quinta. Creció recordando el olor a basura, a padre, padre que abandonó, padre que se perdió, padre que, quizá, murió. Parecía ido el día que decidió salir de casa para vagar, cogiendo las botas, sin ropa, sin dinero, sin nombre.

Lo veía debajo de un ciprés pelón, todas las mañanas, sentado, esperando. A su lado, un par de costales de cemento parecían sus maletas. Sabía escribir porque en una pequeña libreta anotaba. Sus ojos eran verdes, el cabello de un largo mediano, castaño claro. Era un hombre sereno, joven, sucio, muy sucio, pero de buen aspecto. Era guapo. Desaparecía en las tardes. Sólo le veía en las mañanas, cuando pasaba a su lado, caminando veloz por la premura de mi tiempo. Le veía, le veía siempre que podía. Había pensado en saludarle. Cuando lo tenía frente, no me atrevía, pero lo veía, lo veía siempre que podía; le sostenía la mirada. A veces, le hacía una mueca con intención de sonrisa, pero mueca al fin y al cabo, una mueca fea, pero con intención de sonrisa. [Desencajada] Una mueca de lástima.

La había querido, querido bien. La había deseado. Él también le sostenía la mirada. Pero la veía sin adjetivos, con mirada clara. Totalmente clara; como el espejo que odiaba. (Pero es que quién es ese que ve claro, qué hace ese que ve claro, porqué vaga el que ve claro, porqué está sucio el que ve claro, porqué huele mal el que ve claro, porqué no le importa quién es, a ese, el que ve claro.)

Ojalá no tuviera que vivir así, desencontrando.

—Desempolvando el amor por rincones.

—Sosteniendo cochambres, tambaches, placentas ajenas. Suicidios de escopeta, balas atravesadas en las cabezas, muñecas de alfiler [muestra una muñeca santera]. Vestidos santos, antídotos para trágicas. Tremebundos miembros gangrenados, soledades de escaparate, egos de quinqué.

2

La casa olía a sexo, sexo humillante, hipócrita, sexo de amo y esclavo, incómodo, violado. No sentía asco o repulsión; vergüenza, sí, por estar recostada sobre esa cama rosada, al lado de peluches infantiles: a la mirada de un desconocido. Ella venía a sustituir a la hija raptada. Estaba acorazada. (Lo primero que el hombre hizo, fue vestirla de floreado, con una chaqueta guinda; trenzarle el cabello y tomarle una fotografía abrazando un winie poo gigante.) La casa era sucia, pero ese cuarto rosa: impecable, perfumado, decorado con girasoles y algunas flores de cempazúchitl. Olía a muerte. Olía a sexo violado, a muerte, mordaza: muerte.

Cuando entró por vez primera a su casa, recordó ese sueño, ese olor que la paralizaba —y también a limón—. Sólo que no había ningún cuarto rosado, ni perfume de flores. No había mas que olor a caño, bolsas de basura, cucarachas color de arena y botellas, de esas listas para tirarse a la mar. Encontró pedazos de espejos empotrados en las paredes, sin azogue, pero aun reflejaban destellos de su piel. Le complacían, pues sólo eran eso, rescoldos de su imagen, de su misteriosa cara. Aquello era el velo de los narcisos.

Aprendí a ver claro cuando pasaba las noches en vela, distinguiendo lo luminoso. Pero más claro vi, cuando mis “ojos insomnes” hicieron durar mi Nombre:

[grita]

Mater, pater et familia

Lucha por mí

Et mutabile tsunamierda

Serapio se disparó y sobrevivió, sin vista, sin Nombre, sin esposa, sin hijo. Solo, mutilado, miserable, pero, por fin, claro; amargo y claro.

Pero quise un amor como Galatea ser,

existir,

haber,

tener:

ensayé el papel hasta audicionar y Tener

Haber

Existir

Ser D’Artagnan de sus heliotropos, para caminarle a flote, cuesta abajo (en el Palacio de los Inválidos).

Al pegaso de su vida quiso subir. Abonarle la sangre, vivirle cada gesto sin estorbar. Nunca ser la caía de tela o el cucurucho de su corazón. Nunca cantarle la declaración, pues el títere elegante, que su ópera le regaló, fue suficiente amor.

Despierta…Despierta.

3

Había jurado que regresaría, si la dejaba ir. Confiaba demasiado. Fue noche. Caminaba apurada, como siempre. El hombre la vio pasar; corrió hasta alcanzarla en una calle abismalmente negrazulada. No pudo escabullirse. Le jaló del brazo. Le arrebató el vestido, los zapatos. Comenzó a sentirse como en los sueños: succionada por una corriente inescapable; con el estómago como olla exprés. Reventó en llanto-coraje.

Divisaba al limonero desde mi cuarto. Un colibrí se había hecho de costumbres; me despertaba con picotazos en mi ventana; luego, floreaba sus alas en los aires de gotas tersas del árbol de mangos. Las matas de bolitas rojas, como chícharos, le servían de nido y así, se escondía de los perros que pretendían cazarlo. Sí, el limonero es frondoso. Pero prefiero los mangos. Abro mis ojos miopes y distingo el color guinda, casi rosa mexicano, del colibrí. Espero acumular el suficiente ánimo para levantarme; los primeros minutos del día no me gusta hablar: pienso en silencio: en blanco: en negro: en limones: en presagios.

La dejó ir / luego de diseccionarla.

[Ella se levanta y deambula por el espacio]

Barullobarullobarullobarullobarullobarullobarullobarullobarullobarullobarullo

¿Te jodieron?, ¿cómo es que regresas a Vida?¿Quién eres, tú, tan lleno de Historia; tú, tan hinchado con violencia; tú, tan estéril?

¿Vida? Tóxica. Vagabundea. Implora entrar. Arrastra la canasta de penas. Escarba las basuras. Llora. Sola. Olvida su pasado. Recuerda. Con mirada clara. Extranjera. Viste de invierno. Lleva pañoleta. Campesina. Te mira. Amanece fenecida. ¿Vida?, ¿cuál Vida?

El Futuro al carajo. A decir ahora. A decir para ahora. Decir yo.


© Rasa Seldi, en Los robachicos de José Vasconcelos, p. 73

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