La Coctelera

Categoría: música y literatura

Ya viene, ya llega
la vida como una rueda,
la vida con cara y ojos
como las grandes ideas
y los mejores antojos.
Se empieza a ver lucecitas,
titilan y tintinean
y comienzan a brillar
como si fueran estrellas,
el día de navidad.

Tú, yo y la vida,
quién lo diría,
viendo en el año
los meses engordando.
Tú, yo y la vida
que se adivina,
ya está llegando
la primavera en la mano
y un pan blanco bajo el brazo.

Un día de abril cualquiera
tocado día de suerte
la vida
al fin del día
se duerme quieta y sonriente
como una fotografía.
Se empieza a amar por amar,
pero amar es dar la vida
y un día la soledad,
por poco que te descuidas,
se hace pis en el pañal.

Tú, yo y la vida,
quién lo diría,
viendo en el año
los meses engordando.
Tú, yo y la vida
que se adivina,
ya está llegando
la primavera en la mano
y un pan blanco bajo el brazo.

Ya viene, ya llega
la vida como una rueda,
la vida con cara y ojos
como las grandes ideas
y los mejores antojos.

Patxi Andion

 

Un poema de José Agustín Goytisolo, que años antes musicalizó Paco Ibáñez, ahora re-actualizado por Amparo Sánchez y Arianna Puello. Sin duda uno de los más enternecedores poemas, por lo menos en mis recuerdos infantiles.

Algunos francos cobra Dennis...

Boris Vian - El Lobo-hombre

Sobre un poema de Enrique Fierro.

Cabrera Infante, basado en la música popular cubana, generó una figura retórica que se bautizó "Cainita por supresión", a partir de los siguientes versos:

¡Ay, José, así no se puede!

¡Ay, José, así no sé!

¡Ay, José, así no!

¡Ay, José, así!

¡Ay, José!

¡Ay!

Parte de este sugerente juego lingüístico fue tomado de la canción interpretada, en su momento, por Rita Montaner y la recientemente fallecita, Graciela. Hoy, una de las versiones más nuevas es cantada por la joven Osdalgia, pero aquí Rita Montaner, quien aparece en algunas novelas de CAIN. Por algo la cubana es...

Entre la música y la literatura, hay un pequeño espacio en el que comulga el juego y el sinsentido. Por lo general, la música prolonga las palabras, a las que reviste con una emocionalidad particular. Hay muchos ejemplos de "adaptación", citación o reapropiaciones de compositores sobre distintos textos literarios; pocos de ellos (de los que conozco hasta ahora), me han parecido divertidos y peculiares, como la "Canção da falsa tartaruga", de Adriana Partimpim, alter ego de Adriana Calcanhotto, que se basó en un fragmento de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, que ocupa, además, la figura de la tortuga tan pero tan carrolliana. Si bien este es un proyecto dirigido a los niños, la performance de Partimpim es un grato ejemplo de cómo los músicos "infantiles" deben trabajar y, en general, de cómo, de verdad, la música vocal sí tiene elementos que hurgar, aún, en la literatura.

Que bela Sopa, de osso ou aveia, A ferver na panela cheia! Quem não diz: - Ave! Quem não diz: - Eia! Quem não diz: - Opa! Que bela Sopa! Sopa das sopas, que bela Sopa! Que be_la So__opa! So__pa, só__o So__pa Que bela Sopa! Que bela Sopa! Quem não se baba, Quem não a papa! Quem não a gaba! Quem não daria tudo só pa- Ra beliscar essa bela Sopa? Beliscar essa bela sopa? Que be_la So__opa! Que be_la So__opa! So_pa, só_ó So__opa! Que bela so__sopa!


Ésta no es Partimpim, pues el link de inserción está bloqueado. Pero aclara.

Con un prefacio de José Miguel Wisnik, Budapeste, la novela de Chico Buarque fue llevada al cine, hace un año, por Walter Carvalho. Aquí una vieja entrevista de Carlos Galilea con Buarque. En lo particular, le traigo muchas ganas a esta novela, y a la película también.

Chico Buarque: "El escritor se muere de envidia del músico" En París, terminó "Budapest", una novela sobre su pasión por el lenguaje.

Carlos Galilea. BABELIA Y CLARIN

Un cantante y compositor de renombre consigue que se le empiece a reconocer como escritor. Un caso único. Como si Dylan, Brel o Serrat se hubieran pasado a la literatura. Ahora, Chico Buarque publica en España su tercera novela, Budapest.

La cita es en un ático luminoso y silencioso de París. En una calle con nombre de prior del siglo XVIII en el barrio del Marais. Allí, este gigante de la música popular disfruta del anonimato. Los franceses conocen su nombre, pero no guardan su imagen en la retina. Una vez llamó a un restaurante para reservar mesa: "Buarque", dijo. "¡Ah!", oyó al maÃtre, "como Chico Buarque". El autor de canciones como A banda, Construcción y Que será, admirado de joven por Clarice Lispector, es apreciado unánimemente en Brasil y, a pesar de ello, sigue siendo un gran tímido. -En este refugio terminó su tercera novela.

-Durante estos dos años habré pasado cuatro o cinco meses en París. El trabajo rinde más. En Río me compré un pequeño apartamento en el piso debajo del mío, y cuando recibía demasiadas invitaciones para esto o aquello les decía que me iba a París y bajaba las escaleras.

-¿Necesitó mucho valor para escribir la primera novela?

-Cuando empecé llevaba un año sin componer. Mi mujer me regaló una computadora en Navidad, pero quien me incitaba era Rubem Fonseca. Me repetía "eres un escritor". Se lo dice a mucha gente. Creo que quiere compañía, al contrario que la mayoría de escritores. Tengo 127 amigos músicos y cuatro amigos escritores. Y algunos ya los perdí.

-Su nueva ocupación fue vista al principio con reservas.

-Que un cantante y compositor que tiene éxito se ponga de repente a escribir resulta siempre sospechoso. Un prejuicio, porque si eres un abogado, un diplomático o un periodista que escribe nadie va a decir nada.

-Escribía antes incluso de sus primeras canciones...

-Entonces pensaba que iba a ser escritor. Al empezar a escribir conseguí establecer un contacto más cercano con mi padre (el historiador y sociólogo Sérgio Buarque de Holanda). Con quince años le llevaba mis escritos, una porquería, que él leía atentamente. De alguna manera, estar escribiendo es sentir su presencia o su falta. Como si estuviera buscando su aprobación.

-En Budapest hay un poeta llamado Kocsis y un tal Puskas...

-Todos los nombres propios son de jugadores de la selección de fútbol de Hungría de 1954. Están todos los que jugaron aquel mundial. O son escritores, calles o restaurantes. Cuando estaba terminando me di cuenta de que faltaban todavía tres nombres y me dije, "¡caramba!, ¿qué hago?". Y puse sus nombres a los editores del libro: Lantos, Lorant & Budai.

-Asegura que los pantalones cortos y las rodillas peladas de jugar al fútbol en la calle son el mejor recuerdo de su niñez...

-Aún hoy, dos o tres veces por semana, está el compromiso sagrado de jugar. Hay quien tiene sesión de psicoanálisis o médico, y yo tengo fútbol. Lo cual no deja de ser una terapia.

-Aparecen personajes perdidos, que buscan liberarse de algo.

-No me identifico con ninguno, pero los entiendo. En Budapest entiendo la angustia y la vanidad reprimida del escritor "fantasma" (o "negro": el que escribe para otro). Mientras escribía también me sentí un fantasma porque nadie sabía lo que estaba haciendo. -Nadie sabía de Budapest hasta que le entregó a su editor una pila de hojas y un disquete.

-Hubo momentos en que pensé estar perdiendo el tiempo, escribiendo algo que no le iba a interesar a nadie: la historia de un hombre que se apasiona por la lengua húngara.

-José Costa/Zsoze Kósta está enamorado de las palabras.

-Igual que yo. Lo primero que hice al llegar a Bilbao antes de un concierto fue comprar un diccionario de vasco. Podría haber situado la historia en el País Vasco, pero por motivos sentimentales elegí Hungría. Aparte del fútbol tuve una novia húngara que me enseñó a pronunciar los nombres de los jugadores y a decir "te quiero".

-Según Caetano Veloso, Budapest es un laberinto de espejos que no se resuelve en la trama sino en las palabras, como un poema.

-Me gustó mucho lo que dijo porque no soy un contador de historias. Todas las dificultades que debo superar se relacionan con el lenguaje.

-Desde hace años alterna la música y la literatura.

-Consigo dividirme en dos creadores distintos, pero no hago ambas cosas al mismo tiempo. Volver a escribir canciones, después de terminar un libro, resulta muy difícil porque el fraseo musical obedece a otra lógica. Por otra parte, cuando hacés una canción enseguida la mostrás. Vas al estudio, grabás, hay una fiesta, se bebe vino... El escritor está encerrado. Y se muere de envidia del músico famoso porque éste viaja en primera clase con champagne, mujer, amante, músicos, representante, hijos... y él en clase económica, apretado, amargado. No sé por qué soy escritor.